Golpear con un bolígrafo. Mover la rodilla. Frotar la costura de una tela entre los dedos. Estos no son hábitos nerviosos. Es tu sistema nervioso haciendo su trabajo.
Qué es realmente el stimming
El stimming (self-stimulatory behavior), o comportamiento autoestimulante, es cualquier movimiento, sonido o sensación repetitiva que tu cuerpo usa para regularse. Mecerse, tararear, hacer clic con la tapa de un bolígrafo, morder algo, girar un anillo. Todo el mundo hace stimming en cierta medida, pero el comportamiento es especialmente común en personas autistas y en quienes tienen TDAH.
Durante mucho tiempo, el stimming se trató como un problema que había que corregir. Un estudio con 31 adultos autistas encontró que al 72 % les habían dicho que dejaran de hacer stimming, aunque el 80 % reportó disfrutarlo. Lo que desde fuera parece disruptivo, desde dentro muchas veces se siente esencial.
Por qué funciona
El stimming parece funcionar como una autorregulación integrada. Cuando el entorno se vuelve abrumador, cuando la información sensorial llega demasiado rápido o cuando las emociones se sienten incontrolables, el movimiento repetitivo ofrece un canal. Un participante de un estudio cualitativo lo expresó así: el ritmo del movimiento ayuda a que los pensamientos fluyan en orden en vez de llegar todos a la vez.
En el caso del TDAH, la función cambia. Investigadores del UC Davis MIND Institute descubrieron que los niños con TDAH que se movían más durante una tarea cognitiva en realidad rendían mejor. Los niños sin TDAH mostraron el patrón opuesto. El movimiento eleva la activación (arousal), el nivel base de alerta del cerebro, en un sistema que tiene dificultades para establecer su propio nivel.
Cómo trabajar con ello
Reprimir el stimming tiene un costo. Los adultos autistas describen el esfuerzo como agotador, un desgaste de los mismos recursos de autocontrol que necesitas para todo lo demás. En lugar de luchar contra el movimiento:
- Observa lo que ya haces. Una pierna que rebota, un bolígrafo que haces clic, una costura que frotas mientras te concentras: son datos sobre lo que tu sistema nervioso necesita ahora mismo.
- Adapta el stim al contexto. En una reunión, prueba presionar el pulgar contra cada yema del dedo, apretar algo debajo del escritorio o presionar los pies contra el suelo.
- Date permiso. Si te enseñaron a quedarte quieto, intenta elegir un stim deliberadamente la próxima vez que necesites concentrarte. El instinto de dejar de moverse asume que el movimiento es el problema. Normalmente, es la solución.