Por fin decides buscar ayuda. Buscas un terapeuta y de inmediato te topas con un muro de siglas: TCC, TDC, ACT. Suenan intercambiables, las descripciones se confunden entre sí, y todo el proceso parece diseñado para que te rindas antes de empezar.
No tiene por qué ser tan complicado. Las tres son terapias basadas en evidencia, y cada una funciona mejor para un tipo distinto de dificultad.
Tres enfoques, tres opciones
Terapia Cognitivo-Conductual (CBT) se enfoca en la conexión entre pensamientos y sentimientos. Desarrollada por el psiquiatra Aaron Beck en los años sesenta, te ayuda a identificar patrones de pensamiento distorsionados y contrastarlos con la realidad. Con más de 2,000 ensayos clínicos, la TCC es la terapia más estudiada que existe y suele durar de 6 a 20 sesiones.
Terapia Dialéctico-Conductual (DBT) fue creada por la psicóloga Marsha Linehan para personas cuyas emociones se sienten incontrolables. Enseña cuatro habilidades: atención plena, tolerancia al malestar, regulación emocional y efectividad interpersonal. Los ensayos clínicos demostraron que la TDC redujo los intentos de suicidio a la mitad entre personas con trastorno límite de la personalidad. Generalmente dura de 6 a 12 meses con sesiones individuales y grupales.
Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) funciona de manera diferente. En lugar de cambiar los pensamientos, te enseña a sostener los difíciles con ligereza y actuar según tus valores de todas formas. El mecanismo central es la flexibilidad psicológica. Más de 1,000 ensayos controlados aleatorizados muestran que ACT iguala a la TCC en efectividad para la ansiedad y la depresión.
Encuentra tu patrón
Antes de tu primera sesión, observa qué es lo que más te bloquea:
- Un pensamiento recurrente del que no puedes desprenderte. Eso es territorio de la TCC.
- Una emoción que te desborda antes de que puedas pensar. Eso apunta hacia la TDC.
- Un hábito de evitar cosas que te importan. La ACT fue diseñada para esto. Anótalo. Tener esa claridad hace que una primera conversación con cualquier terapeuta sea más productiva. Y si no tienes claro cuál te conviene, está bien. Muchos terapeutas combinan las tres, y el mejor predictor de progreso no es el método. Es la relación que construyes con la persona que tienes enfrente.