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Cuando el mundo se vuelve demasiado ruidoso

Una luz fluorescente zumba. Alguien cerca de ti está masticando. La etiqueta de tu camiseta no deja de rascarte el cuello. Nada de esto debería ser una…


Una luz fluorescente zumba. Alguien cerca de ti está masticando. La etiqueta de tu camiseta no deja de rascarte el cuello. Nada de esto debería ser una crisis. Pero ahora mismo, cada cosa se siente insoportable.

Eso es sobrecarga sensorial, y no es una elección ni una exageración. Es tu cerebro luchando por filtrar lo que importa de lo que no.

Un problema de filtrado

Tu cerebro clasifica constantemente las señales entrantes y decide qué merece tu atención. Este proceso se llama filtrado sensorial (Sensory Gating). Cuando funciona bien, apenas notas el zumbido del refrigerador o la textura de tus calcetines.

Cuando el filtrado falla, todo llega a máximo volumen. Un estudio de neuroimagen de la UCSF encontró que las personas con diferencias en el procesamiento sensorial tienen tractos de sustancia blanca (White Matter Tracts) atípicos, el cableado que conecta las regiones sensoriales. Estas diferencias estructurales alteran la sincronización de las señales sensoriales, haciendo más difícil que el cerebro integre múltiples estímulos a la vez.

La neuroquímica también juega un papel. Niveles más bajos de GABA, una sustancia química que ayuda a silenciar la actividad neuronal, en áreas de relevo sensorial como el tálamo significan menos capacidad de frenado ante la estimulación entrante.

La sobrecarga sensorial es especialmente común en cerebros neurodivergentes. Estudios de prevalencia estiman que las dificultades de procesamiento sensorial afectan aproximadamente a la mitad de las personas con TDAH y a más del 80 % de las personas autistas. Pero el estrés alto, la falta de sueño o el burnout pueden empujar a cualquiera más allá de su umbral.

Trabajar con ello

No puedes reconectar el filtrado sensorial de la noche a la mañana, pero sí puedes trabajar con él.

  • Reduce la entrada. Cierra los ojos, cúbrete los oídos con las manos o aparta la mirada de la fuente de luz más intensa. Eliminar incluso un solo canal de estimulación puede traerte de vuelta por debajo de tu límite.
  • Nombra el desencadenante. Identificar qué sentido está sobrecargado (sonido, luz, tacto) ayuda a tu cerebro a pasar de reaccionar a procesar.
  • Recupérate sin culpa. Necesitar silencio después de un entorno de alta estimulación no es debilidad. Tu sistema nervioso necesita tiempo para resetearse. La luz fluorescente seguirá zumbando. Pero cuando entiendes por qué te golpea tan fuerte, puedes hacerte espacio en lugar de seguir aguantando.
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Referencias

  1. Owen, J. P., Marco, E. J., & Mukherjee, P. (2013). Abnormal white matter microstructure in children with sensory processing disorders. NeuroImage: Clinical, 2, 844–853.
  2. Lane, S. J., & Reynolds, S. (2019). Sensory over-responsivity as an added dimension in ADHD. Frontiers in Integrative Neuroscience, 13, Article 40. https://doi.org/10.3389/fnint.2019.00040
  3. Green, S. A. (2020). Sensory over-responsivity is related to GABAergic inhibition in thalamocortical circuits. Translational Psychiatry, 10(1). https://doi.org/10.1038/s41398-020-01154-0