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Nombrar para dominar

Cuando te golpea una emoción fuerte, tu primer instinto puede ser aguantar o esperar a que pase. Pero decir en voz alta "estoy ansioso por esta conversación"…


Cuando te golpea una emoción fuerte, tu primer instinto puede ser aguantar o esperar a que pase. Pero decir en voz alta "estoy ansioso por esta conversación", por obvio que suene, hace más que describir lo que está pasando. La investigación con neuroimágenes muestra que cambia activamente la respuesta de tu cerebro.

La ciencia del cerebro

Cuando las personas ponen una palabra específica a lo que sienten, algo medible ocurre. La actividad en la amígdala, el detector de amenazas del cerebro, disminuye. Al mismo tiempo, la corteza prefrontal, la parte de tu cerebro responsable del pensamiento claro, se vuelve más activa. Esta área ayuda a procesar la experiencia en palabras en lugar de sensaciones crudas.

Las dos regiones funcionan como un balancín. Cuando la corteza prefrontal se activa, la amígdala se calma. Un investigador lo describió como pisar el freno de una respuesta emocional. La emoción no desaparece, pero pasa de ser algo que te inunda a algo que puedes observar.

Los científicos llaman a esto etiquetado afectivo (Affect Labeling), y funciona incluso cuando no estás intentando sentirte mejor. En un estudio sobre fobia a las arañas, los participantes que describieron su miedo en voz alta mientras se acercaban a una tarántula viva mostraron menos signos físicos de estrés una semana después y pudieron acercarse más físicamente a la araña que quienes usaron distracción o intentaron replantear su miedo.

Cómo practicarlo

  1. Sé específico. "Me siento mal" hace menos por tu cerebro que "me siento decepcionado", "me siento solo" o "me siento avergonzado." Cuanto más precisa sea la palabra, más fuerte el efecto calmante.
  2. Dilo o escríbelo. Pensar la etiqueta ayuda, pero decirla o escribirla activa una respuesta de frenado más fuerte en tu cerebro. Una entrada en tu diario, una nota de voz o incluso un susurro cuenta.
  3. No busques el porqué. No necesitas entender la causa ahora mismo. La etiqueta en sí es la intervención. El análisis puede venir después.

Conclusión clave

El movimiento más simple en la regulación emocional suele ser el más poderoso: encuentra la palabra correcta.

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Referencias

  1. Lieberman, M. D., Eisenberger, N. I., Crockett, M. J., Tom, S. M., Pfeifer, J. H., & Way, B. M. (2007). Putting feelings into words: Affect labeling disrupts amygdala activity in response to affective stimuli. Psychological Science, 18(5), 421–428. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2007.01916.x
  2. Kircanski, K., Lieberman, M. D., & Craske, M. G. (2012). Feelings into words: Contributions of language to exposure therapy. Psychological Science, 23(10), 1086–1091. https://doi.org/10.1177/0956797612443830
  3. Torre, J. B., & Lieberman, M. D. (2018). Putting feelings into words: Affect labeling as implicit emotion regulation. Emotion Review, 10(2), 116–124. https://doi.org/10.1177/1754073917742706