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Cuando nunca bajas la guardia

Un auto produce un petardeo a dos cuadras de distancia. Antes de que puedas pensar, tus músculos se tensan, tu ritmo cardíaco se dispara y tus ojos recorren…


Un auto produce un petardeo a dos cuadras de distancia. Antes de que puedas pensar, tus músculos se tensan, tu ritmo cardíaco se dispara y tus ojos recorren la calle. El sonido no era nada. Tu cuerpo respondió como si lo fuera todo.

Esto es la hipervigilancia (hypervigilance), un estado de alerta constante en el que tu cerebro busca peligro incluso en entornos seguros. Es una de las características más agotadoras de vivir con trauma.

Un sistema de amenaza que no se desactiva

El sistema de alarma de tu cerebro se centra en la amígdala, una estructura que detecta el peligro y activa tu respuesta de lucha o huida. Normalmente, la corteza prefrontal evalúa la situación y frena cuando la amenaza no es real.

Las investigaciones con neuroimagen en personas con trastorno de estrés postraumático (TEPT) muestran qué sale mal. La amígdala permanece hiperactiva mientras las regiones prefrontales encargadas de calmarla muestran una actividad reducida. Tu alarma sigue disparándose y la señal de "estás a salvo" no logra pasar.

La hipervigilancia es persistente porque se refuerza a sí misma. Un estudio de seguimiento ocular (eye-tracking) descubrió que las personas en estado hipervigilante escaneaban significativamente más su entorno, incluso ante escenas neutras. Sus pupilas también se dilataban más, una señal física de que el cuerpo estaba en alerta. Más escaneo lleva a detectar más amenazas, lo que alimenta más escaneo. Esto es lo que los investigadores llaman un bucle de retroalimentación positiva (forward feedback loop).

Qué ayuda

  • Ponle nombre al estado. Cuando notes que estás escaneando o sobresaltándote, di "estoy en hipervigilancia ahora mismo" y toma una respiración lenta. Reconocerlo interrumpe el ciclo. La respiración le da a tu cuerpo una señal contraria.
  • Ancla tus sentidos. Presiona tus pies contra el suelo, sostén algo frío o nombra cinco cosas que puedas ver. La información sensorial ayuda a tu corteza prefrontal a enviar una señal de seguridad a la amígdala.
  • Enfoca tu atención. La hipervigilancia lanza una red amplia. Fija deliberadamente tu mirada en un objeto cercano durante 30 segundos. Esto contrarresta directamente el patrón de escaneo.

La hipervigilancia fue la forma que tuvo tu cerebro de mantenerte con vida cuando el peligro era real. El trabajo no consiste en apagarla, sino en ayudar a tu sistema nervioso a aprender que la alarma puede desactivarse.

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Referencias

  1. Kimble, M., Boxwala, M., Bean, W., Maletsky, K., Halper, J., Spollen, K., & Fleming, K. (2014). The impact of hypervigilance: Evidence for a forward feedback loop. Journal of Anxiety Disorders, 28(2), 241–245. https://doi.org/10.1016/j.janxdis.2013.12.006
  2. Kredlow, M. A., Fenster, R. J., Laurent, E. S., Ressler, K. J., & Phelps, E. A. (2022). Prefrontal cortex, amygdala, and threat processing: Implications for PTSD. Neuropsychopharmacology, 47(1), 247–259. https://doi.org/10.1038/s41386-021-01155-7