Todos los artículos

Ataques de pánico al descubierto

Tu corazón martillea. Tus manos se entumecen. La habitación se encoge. Todo en tu cuerpo dice que algo está mal. La verdad contraintuitiva: estás…


Tu corazón martillea. Tus manos se entumecen. La habitación se encoge. Todo en tu cuerpo dice que algo está mal. La verdad contraintuitiva: estás completamente a salvo.

Una falsa alarma

Un ataque de pánico es la respuesta de lucha o huida (fight-or-flight response) de tu cuerpo, su sistema de alarma incorporado, activándose sin una amenaza real. Este sistema de supervivencia te inunda de adrenalina, una hormona del estrés que te prepara para huir o luchar. Tu corazón se acelera. La respiración se agita. Sudas, preparándote para una acción que nunca llega.

Cada síntoma tiene una explicación completamente normal:

  • Corazón acelerado. La sangre corre hacia tus músculos.
  • Mareo. La respiración rápida altera el equilibrio de oxígeno en tu sangre.
  • Hormigueo en las manos. Un efecto secundario de ese cambio en la respiración.
  • Opresión en el pecho. Los músculos se tensan por la respiración rápida y superficial. Incómodo, sí. Peligroso, no. Tu cuerpo está haciendo exactamente aquello para lo que fue diseñado, solo que en el momento equivocado.

La trampa de la malinterpretación

Aquí es donde el pánico obtiene su poder. Si alguna vez has sentido la certeza de que estabas muriendo durante un ataque de pánico, esa reacción tiene sentido. La investigación cognitiva sobre el trastorno de pánico lo llama malinterpretación catastrófica (catastrophic misinterpretation): interpretar sensaciones normales de estrés como prueba de una emergencia médica.

Sientes tu corazón latir con fuerza y piensas "infarto". Ese pensamiento dispara más ansiedad, lo que intensifica los síntomas, lo que parece confirmar el miedo. Un estudio con cerca de 300 ataques de pánico encontró que el 91 % estuvo acompañado de estos pensamientos catastróficos.

El peligro no es real, pero el ciclo de retroalimentación lo hace sentir innegable.

Dejarlo pasar

La mayoría de los ataques de pánico alcanzan su punto máximo en unos 10 minutos y pasan en 20 a 30. Cuando uno aparece:

  1. Ponle nombre. "Esto es adrenalina, no peligro. Va a pasar."
  2. Alarga tu exhalación. Inhala por la nariz contando hasta 4, exhala lentamente contando hasta 6. Una exhalación más larga le indica a tu sistema nervioso que se calme.
  3. Resiste el impulso de huir. Planta los pies, nombra una cosa que puedas ver y espera. Quedarte le enseña a tu cerebro que estás a salvo. Un ataque de pánico no puede hacerte daño. El corazón martilleante, las manos con hormigueo, la habitación que se encoge: todo es solo adrenalina, mal cronometrada. Va a pasar. Siempre pasa.
Diario de pensamiento

Pon esto en práctica con Diario de pensamiento

Ejercicios guiados, seguimiento del estado de ánimo y herramientas de TCC con IA. Descarga gratuita.

Referencias

  1. Clark, D. M. (1986). A cognitive approach to panic. Behaviour Research and Therapy, 24(4), 461–470. https://doi.org/10.1016/0005-7967(86)90011-2
  2. Zugliani, M. M., Cabo, M. C., Nardi, A. E., Perna, G., & Freire, R. C. (2023). Biological and cognitive theories explaining panic disorder: A narrative review. Frontiers in Psychiatry, 14, 957515. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2023.957515
  3. Austin, D. W., & Richards, J. C. (2001). The catastrophic misinterpretation model of panic disorder. Behaviour Research and Therapy, 39(11), 1277–1291. https://doi.org/10.1016/S0005-7967(00)00095-4